LA REVISTA: “los nuevos millonarios de la pelota a mano “

Olaizola II ya es del club selecto

Aimar Olaizola quiere quitarse la final del Cuatro y Medio en la fecha indicada. :: L.R.

Los nuevos millonarios de la pelota
Chispea sobre el frontón del pueblo. Un chaval da una corta carrera, adelanta la pierna izquierda, flexiona la columna y traza un arco de casi 180 grados con su brazo derecho. Unos movimientos mecánicos realizados con asombrosa naturalidad. Su mano se estrella violentamente contra una pelota que sale disparada hacia la pared trasera de la iglesia. Los 105 gramos de cuero, goma e hilo rompen el muro en un estallido sordo, metálico, como el de un trueno. “Es el sonido más hermoso del mundo”, susurra un espectador de lujo llamado Julián Retegui Barbería, Retegui II, el mejor pelotari de todos los tiempos.

El sonido de látigo de la pelota de piel chocando contra el frontis es la música de un pueblo. La pelota vasca, deporte directamente asociado a la cultura popular de Euskal Herria, renace después de un largo periodo de vida latente.

El próximo domingo, los vascos estarán pendientes del partido del año, la final manomanista en el Atano de San Sebastián.

Los pelotaris profesionales, auténticos protagonistas de un juego que se practica en cada ciudad y en cada pueblo, cada domingo y cada día de fiesta, viven una bonanza económica desconocida: la ruptura del monopolio que durante cinco años ha disfrutado la empresa Asegarce ha disparado los contratos y los sueldos de los deportistas. Augusto Ibáñez, Titín III, ha firmado por Aspe, la nueva empresa. Ha recibido 19 millones de pesetas en metálico, tiene un aval de 100 millones por cinco años, gana 500.000 pesetas por cada partido que juega y disfruta de una cláusula de rescisión de 1.000 millones de pesetas. Como un futbolista.

Dicen en el norte que la pelota está imitando al balón. Que el frontón se aproxima, lenta pero constantemente, al todopoderoso fútbol. Y lo cierto es que los pelotaris han recuperado su legendario carisma y vuelven a ocupar la primera línea en las preferencias de los más jóvenes a la hora de tener espejos deportivos en los que mirarse.”¿Que quién es el mejor deportista de Navarra? Retirado Indurain… el mejor es Rubén Beloki”, responde sin pensárselo un pamplonica de unos 15 años que camina con sus amigos por la calle que sube entre el frontón Labrit y la plaza de toros. “Ni de broma”, contesta el más pequeño de los cuatro, “el mejor es Arretxe, campeón del año pasado”.

Dicen en el norte que la pelota comienza a imitar al balón. Que el frontón se está aproximando al todopoderoso fútbol.

LUCHA DE EMPRESAS
En las ciudades, y sobre todo en los pequeños pueblos, todos los chicos conocen el nombre de los pelotaris del momento. La culpa es de Asegarce, de Aspe, de las televisiones implicadas en el conflicto (Tele 5 y Euskal Telebista) y de la calidad de la hornada de jugadores de los últimos años. Asegarce, la empresa de la que Carlos Arguiñano es socio, ha monopolizado el mundo de la pelota durante media década, llegando a desligarse de la mismísima Federación Española de Pelota y organizando sus propios campeonatos oficiales. Cuenta con hombres de la categoría de Beloki, Errandonea, Armendáriz, Arretxe, el actual campeón, y una leyenda llamada Retegui II.

Una nueva empresa privada vizcaína, la Asociación de Pelotaris (Aspe), nació a comienzos de este año con la intención de crear un alternativa a Asegarce. Aspe ha fichado, a golpe de talonario, a algunos de los mejores jugadores del momento: los delanteros Titín III, Eugi, Goñi II, Capellán y los zagueros Elkoro, Berna, Santi y Lasa II. Resulta de enorme importancia para su futuro el hecho de contar con el apoyo de la radio televisión vasca (EITB).

“Debe quedar claro que EITB no ha creado Aspe, que ya existía como empresa” afirmó Iñaki Zarroa, director de la cadena, “y que los 220 millones de pesetas que les hemos dado es el habitual 30-35% que se adelanta en este tipo de acuerdos”. En Asegarce no piensan igual: “El intervencionismo de EITB en Aspe es notorio”, afirma Pedro García, consejero delegado de la empresa bilbaína Asegarce (Tele 5 retransmite sus partidos). “Sólo queremos que se dediquen a gestionar su televisión y nos dejen en paz a los empresarios”.

El próximo domingo, 31 de mayo, se celebrará el acontecimiento más importante del mundo de la pelota: la final manomanista. Los campeones de las dos empresas, Asegarce y Aspe, hacen por un día las paces y se ven las caras en el frontón Atano de San Sebastián. Jugarán los ganadores de las semifinales Beloki-Arretxe (Asegarce) y Elkoro-Eugi (Aspe). Aún no se sabe si las empresas rivales, dueñas de los derechos de imagen de los deportistas, y las dos televisiones llegarán a un acuerdo y retransmitirán el partido. Vestidos de blanco, rojo y azul, con las manos protegidas por unos ligeros tacos, los jugadores sólo piensan en ganar y como les quedará la txapela, la gran boina negra que se calza el único e irrepetible campeón de campeones. En la gran final, como en todos los partidos importantes, los pelotaris intentan aislarse del infernal ambiente de los frontones. Estos locales cerrados, de entre 30 y 54 metros de pared izquierda y unos diez de frontis (pared donde debe golpear la pelota, siempre por encima de la chapa situada a un metro del suelo), se convierten en un pequeño mundo habitado por seres de diferentes aspectos y características.

Por un lado, los pelotaris. A su lado los botilleros, sus hombres de confianza, los que les dicen por qué están perdiendo, cómo deben jugar para seguir ganando, y qué material (pelotas) de la cesta (cada jugador tienen en ella varias pelotas elegidas con anterioridad) deben escoger cuando les corresponda. Pegados a las líneas de falta, de saque y de fuera, se agazapan, como velocistas, los jueces. A unos metros de ellos les dan la espalda los corredores de apuestas, gritando como energúmenos cifras en duros y lanzando pelotas de tenis rajadas, con un resguardo en su interior, a la grada. Los puntos (apostantes fijos) recogen las bolas amarillas con la precisión de un profesional del béisbol. Junto a ellos, la mayoría de las veces apoyados en descomunales puros, el resto de espectadores, que se limita a abrir los ojos y disfrutar con el espectáculo más grande y puro de toda Euskadi.
EL ALMA DEL PELOTARI
Ruben Beloki empieza los partidos a 140 pulsaciones por minuto, pero rápidamente alcanza las 190. Como un ciclista desafiando la verticalidad del Tourmalet. Cuando él, o su rival, llegan a los 22 tantos, el partido finaliza. Ha perdido unos tres kilos de peso, y tiene las palmas de las manos y los dedos como si le fuesen a reventar.

Las manos son el alma del pelotari. Por eso las protege minuciosamente antes de cada partido o de cada entrenamiento. Sentado en el vestuario, y con la ayuda de un hornillo o una vela para calentar los pegamentos, el jugador se construye sobre ellas una compleja estructura formada por cola para moquetas, esparadrapo, burlete de puertas y ventanas, y hasta pequeñas chapas metálicas. Le llaman “hacerse la mano” o “hacerse los tacos”. Una vez terminado el artesanal proceso parecen los guantes de la armadura de un guerrero medieval. Hacen que la mano gane protección a medida que pierde sensibilidad: cuanto más taco, menos dolor, pero también menos tacto.

“Luego te doy la mano, que ahora la tengo llena de resina”, dice Retegui II. El campeón más grande de todos los tiempos ha dado un repaso a unos jóvenes pelotaris en el frontón de Zumaia. “¿Cansado?, no, es que durante el partido he estado silbando”, bromea desde su condición de pieza fundamental de Asegarce, con quien concluirá su carrera deportiva en el año 2.000. Julián Retegui Barbería nació en Erasun, Navarra, hace 44 años. Le llaman el abuelo. “Se nos cae a cachos”, dicen los viejos que se sientan en las primeras filas. Ya no juega partidos oficiales del Campeonato Manomanista, pero sigue siendo el mejor.

“Con la polémica de las dos empresas se ha hablado de muchos pelotaris, pero de los que se escriben con mayúsculas sólo hay tres: Arretxe, Beloki y Eugi. Elkoro, que jugó la final del pasado año, también podía estar entre ellos. El resto es puro relleno”, asegura el gran campeón. “Por eso hay que seguir trabajando”, sentencia. “La pelota es mucho más que un deporte. ¡Es una forma de vivir la vida!”.

Ver en www.elmundo.com

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Acerca de betjaialai

EMPRESA AUDIOVISUAL Y DE APUESTAS DEPORTIVAS. PRODUCCIONES DE PELOTA VASCA,
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